martes, 23 de enero de 2018

MALOS PROFESIONALES.





 (Ana Pastor es inteligente. Creo que nadie lo discute. Pero es una mala profesional. Por sectarismo. En sus entrevistas  'castiga' a los que no son de su cuerda. Y favorece a los 'suyos'. Puede haber excepciones, pero esta es la regla.)


Estaba la noche caliente en ‘El Objetivo’. Ana Pastor interrumpía a cada uno de los contertulios para destacar su figura por encima de todos ellos cuando le llegó el turno de palabra a Juan Carlos Girauta. El portavoz de Ciudadanos contestó al dirigente popular Javier Maroto, que había comparado varios casos de ambos partidos.
 
“La irritación en el PP está motivada porque nosotros hemos sacado 36 escaños y ellos 4. No pueden soportar lo que les ha sucedido”, ha remarcado Girauta, que ha recordado a Maroto las palabras de un extesorero de la formación de Génova 13: “Es evidente que ha existido corrupción”.
Ante un Maroto sin argumentos y que se limitaba a mantener la media sonrisa, el portavoz de Ciudadanos ha recordado que su partido ha consolidado las cuentes de todos los grupos municipales y ha exigido al PP no comparar “sus numerosas tramas corruptas” con otros asuntos del partido naranja.
El momento de la noche iba a llegar a continuación. Haciendo gala de su habitual soberbia, Ana Pastor quiso interrumpir a Girauta y le recordó que “era su programa y ella elegía cómo otorgar los turnos de palabras”. La respuesta del diputado no se hizo esperar: “Claro que es su programa, por eso llevo 20 minutos callado”.

(La Gaceta.)

domingo, 21 de enero de 2018

AUTOENGAÑO Y REALIDAD PARALELA.



 (En la foto, catalanista mirándose al espejo.)



AUTOENGAÑO Y REALIDAD PARALELA.



Nadie está libre de autoengaño. He recordado lo que dijo Jesús a los fariseos y escribas. ‘Quién esté libre de pecado, que tire la primera piedra’. Así que podemos remedar, diciendo: ‘Quién esté libre de autoengaño que tire la primera piedra’. Nadie puede tirarla. Sin embargo, hay grados.



Unos tienen altos niveles de frecuencia e intensidad. Otros, menos. Puede haber mucha diferencia. Y las consecuencias pueden ser muy importantes.



Una forma intensa de materializar el autoengaño, es la realidad paralela. ¿Cómo funciona? Algunas personas rechazan la realidad que viven, la propia y la del mundo entorno. Es habitual que estas personas interpreten la realidad de manera muy sectaria. Nunca aceptarán, por ejemplo, que este mundo, al que tanto desprecian, haga algunas cosas bien.



Un ejemplo lo tenemos con motivo del atentado de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001. En algún momento posterior, alguien- estas cosas suelen ser anónimas- lanzó la especie de que Ben Laden era, en realidad, un agente de la CIA. A partir de
ahí, la noticia se desparramó por las redes sociales.



 ¿Por qué se dijo esto? Porque estas personas odian a Occidente en general, y a USA, en particular. En consecuencia, un asesinato masivo como el del 11-M, sólo podía proceder de una mente satánica. ¿Quién es la esencia del mal? USA. No lo dude. A menos que esté alienado.



Cuando alguien no se conforma con una idea o un acontecimiento de estas- o parecidas- características- y generaliza el autoengaño, va construyendo una realidad paralela. El autor se cree muy listo porque no se ha dejado engañar por la conspiración judeo-capitalista-imperialista. A diferencia de la mayoría alienada. La realidad paralela que ha creado, desmiente a la realidad real, que es mentira. Porque va en beneficio exclusivo de las multinacionales y el imperio. No hay, ni puede haber, evidencias que le convenzan. Su realidad paralela no tiene fisuras.



En el caso del atentado, sugerir que los pilotos que guiaron los aviones contra las Torres Gemelas eran islamistas que odiaban a USA, no le hace cambiar. Más bien, confirma la maldad de la Casa Blanca. Manipularon a unos islamistas para que atentaran y así poder activar sangrientas represalias. ¿Por qué? Porque al imperio le gusta matar y esclavizar a los que no se someten a sus malvados intereses.



 Ninguna realidad real puede convencerle. Porque su realidad paralela es cerrada. Por eso no pueden dialogar-en sentido estricto- con los de ‘fuera’ de su mundo. Como les sucede a los independentistas catalanes, que viven en un mundo alimentado por la identidad, la xenofobia y el supremacismo.

Es sabido que, de forma unilateral e ilegal, el 27 de octubre de 2017 se declaró la independencia de Cataluña. Aprobada en el Parlamento de Cataluña por 70 votos a favor, 2 en blanco y 10 en contra. Sin contar los 53 diputados que abandonaron el Parlamento antes de la votación.



El 31 de Octubre de 2017, el Tribunal Constitucional, por unanimidad, suspendió tal declaración y avisó de las consecuencias penales de no acatarla. Y no la acataron. Resulta que el ex presidente Puigdemont, montado en una realidad paralela, acusó al gobierno de perpetrar un golpe de Estado contra Cataluña.


El siguiente paso es la locura. Preciso. La locura ya está instalada en las cabecitas separatistas y xenófobas de Puigdemont y unos dos millones de catalanistas. Me refiero a que los médicos dictaminen que están locos. Que es lo que sucede cuando no se es capaz de percibir la realidad real.



¿Y cómo es posible tanta demencia? Recordemos que Calígula (Anzio, de 12 a 41, d. C.), que fue emperador de Roma a los 23 años, decidió nombrar a su caballo Inciatus, Senador y Sacerdote. ¿Cómo fue posible? Si a usted le dicen, los que le rodean, todos los días, que es un dios, o una víctima de la opresión española, se lo terminará creyendo.



Puigdemont no es Calígula, pero está rodeado de personas que piensan- más o menos- como él. Exceptuando a los charnegos y políticos del PP y Ciudadanos, que no son realmente ‘de casa nostra’. El PSC depende. ¿Se acuerdan de Durán y Lleida, que decía una cosa en Madrid y otra en Barcelona? Pues en formato Iceta.



No hagamos caso, dicen los auténticos catalanes de pata negra, de las manifestaciones fascistas y anticatalanas de estos políticos que no son de los ‘nuestros’. Este es el personal que rodea a Puigdemont. Por ejemplo, la expresidenta del Parlamento de Catalunya Núria de Gispert instó a la líder de Ciutadans, Inés Arrimadas, a "volver a Cádiz", donde nació, si no le parece bien que continúe el proceso para la independencia de Cataluña.  En este caso, la xenofobia forma parte de la realidad real, la paralela y la perpendicular.

El ex presidente huido a Bruselas, fomenta la realidad paralela. Según el digital, ‘El Español‘, a principios de noviembre de 2017, Puigdemont recordó ‘’que otros Governs ya han sido encarcelados… y que el fascismo español ejecutó a Companys".

 El 15 de octubre de 1940, el líder de Esquerra Republicana y ex presidente de la Generalidad, Companys, muere fusilado "como responsable en concepto de autor por adhesión del delito de rebelión militar". Así lo dice la sentencia de 14 de octubre de 1940, firmada por los siete miembros del tribunal militar del régimen franquista. O sea, pongamos en el mismo saco al gobierno democrático de Rajoy y al general Franco. Reforcemos la realidad paralela. Reforcemos el victimismo patológico y el supremacismo xenófobo.


O lo que dijo Marta Rovira, diputada del Parlamento catalán y secretaria general de ERC. Que ‘’el Gobierno amenazó con muertos en la calle tras el 1-0 … directamente nos decían esto: que habría sangre…’’

Sin olvidar a Sor Caram y la monja Forcades.

Y TV3, Catalunya radio, la escuela pública y prensa del Movimiento.cat, reforzando diariamente la realidad paralela.

¡Terminarán todos majaretas! Y, encima, tendremos que pagarles el psiquiatra.


PD. Las empresas siguen huyendo del oasis. Realidad real.


Sebastián Urbina. 

(Publicado en ElMundo/Baleares/19/1/2018.)

GOBERNADOS POR IMBÉCILES


 (Habrá que superar esta dura travesía del desierto. En caso contrario, terminaremos pareciéndonos mucho a los políticos. La mayoría.)



GOBERNADOS POR IMBÉCILES. 
 
Arturo Pérez-Reverte ha vuelto a convertirse en tendencia en las redes sociales tras tildar de “imbéciles” a la Junta de Andalucía tras la petición que el gobierno de Susana Díaz ha hecho a la organización FACUA-Consumidores en Acción.
En un comunicado, la asociación de consumidores ha explicado que Susana Díaz les ha pedido que no utilicen las palabras “consumidores” y “usuarios” porque “podría considerarse una infracción leve de la Ley General de Subvenciones”

En su lugar, la Junta apuesta emplear “personas consumidoras” y “personas usuarias”.

(La Gaceta)

EL ODIO CATALANISTA.

 (¿Se enterará Mariano de que lo que se cuece en el oasis? Tonto no puede ser. O sea, que es peor. ¿Qué es?

Es un cobarde político o político cobarde. No se trata de prudencia. Es un político capaz de navegar en aguas calmas. Pero no bravas. No se puede esperar más de este político. 

Lo dramático es que Sánchez es peor. Y el 'coletas' peor que Sánchez. Panorama desolador.)


 Es uno de los mejores deportistas que ha dado nuestro país, y en concreto la región catalana. Por no comulgar con las tesis separatistas se quedará sin el Premio Internacional de la Noche del Deporte de Mollet.

El también Policía Nacional natural de Lérida no recogerá el próximo viernes dicho galardón, a pesar de que cuenta, entre otros reconocimiento, con cuatro medallas olímpicas.
El PDeCAT de la localidad ha rechazado conceder a Craviotto dicho premio, tal y como recoge el diario Contrapunt. La formación separatista asegura que “como muchos deportistas, compagina su actividad deportiva con otra profesión, en este caso como miembro del cuerpo de la policía nacional”.
 
En este sentido, a pesar de que el PDeCAT afirma respetar todas las ideologías y profesiones, recalca que el medallista ‘’ha hecho manifestaciones y valoraciones que van mucho más allá de unos posicionamientos políticos legítimos’’. ¿Cuáles son esas palabras que no le hacen merecedor del premio?  
Defender la labor de sus compañeros policías en la región y celebrar la aplicación del artículo 155.

MATEMOS A WOODY ALLEN









WOODY ALLEN, USTED YO.
(Matemos a Woody Allen)

No conozco a Woody Allen. No sé cómo es. No sé quién es. No sé si es un padre atento o descuidado, no sé si tiene animales, si hace favores o los evita, si los pide, si madruga o remolonea por las mañanas. No sé si es leal a su agente o le miente. No sé si es egoísta, miserable; si es afable y generoso. O afable, pero egoísta. O generoso, pero mal padre. Con animales. No sé nada de él. Y tal vez usted tampoco.

No sé nada de Woody Allen ni puedo saberlo, que es lo que le pasa al planeta entero. Puedo hacer como que le conozco por sus películas, si decido practicar un ejercicio de voluntarismo que otros llamarían adivinación; puedo amarlo u odiarlo por ellas, pero no puedo saber quién es. Puedo psicoanalizar sus escenas para un semanario de información general o para un programa de televisión, si me pagan lo suficiente. Si me gusta que me miren y me gusta escucharme. Puedo reducir a certeza cada indicio y labrar en mármol conclusiones a partir de cada línea de diálogo que sepa seleccionar y se ajuste a lo que querría creer de él. Como usted, como cualquiera. Pero no sé nada de él. Usted y yo podemos creer que sí y la realidad seguirá su curso inalterable, ajena a nuestra certidumbre.

 
Si creo que Woody Allen es víctima de una esposa despechada y sañuda es porque he decidido hacerlo. Si pienso que abusó de forma innombrable de una niña de siete años es porque, entre dos presunciones posibles, he escogido la segunda. Porque no puedo saber nada. Los servicios de bienestar infantil de Nueva York y el hospital Yale New Haven de Connecticut investigaron las denuncias y concluyeron, por separado, que no hubo abuso.

Pero pudieron errar. A veces suceden cosas que luego no pueden probarse. A veces alguien se libra injustamente de la condena que merece. Tales cosas pasan. Como a veces alguien acaba acusado por motivos espurios.

Soy director de cine. No es mucho ni es poco. Trabajo con actores. No sé cómo son en casa. Intento encontrar al más adecuado para cada personaje, porque esa es mi responsabilidad como director, ese es mi trabajo. Pido profesionalidad y compromiso, y no puedo ni debo pedir mucho más, porque mi oficio es el de tratar de convertir una película en la mejor versión posible de sí misma, manejar del mejor modo las voluntades diversas de varias decenas de profesionales y llegar al final de la jornada sin rebasar el presupuesto. Si puede ser. Quizá una de las actrices sea profundamente inmoral y tenga aterrorizados a sus padres. Espero que no. Quizá uno de los actores sea atrozmente injusto con sus hijos y esté llenando sus almas de fantasmas.

Ojalá no sea así, espero de verdad que no. Prefiero, como todos preferimos, trabajar con gente buena. Pero no puedo estar seguro de que nadie de verdad lo sea, ¿cómo podría estarlo? A ninguno le pido -ni puedo pedirle, ni debería poder pedirle- un certificado de conducta sancionado por sus vecinos, ni me entrevisto con sus familiares y conocidos. Porque soy director de cine y ellos son profesionales, y mi competencia afecta a su conducta en el set, igual que ellos no pueden saber si trafico con drogas por las noches o si dono la mitad de lo que gano a la beneficencia: su deber en el set no es el de asegurarse de que yo sea una persona intachable en todos los órdenes, aunque ninguno aguantaría de mí, allí, un comportamiento improcedente.

 
No es función de la policía determinar la ubicación de la cámara, ni la mía -por fortuna para todos- averiguar quién transgrede la ley. La sociedad deposita en un juez funciones que ningún individuo debería soportar por sí solo. Un abogado tiene su propio mandato, como lo tiene el fiscal. Ninguno puede creer nada, la ley no se lo permite, no es su atribución hacerlo. Debe, en cambio, investigar. Averiguar. Determinar. Y probar.

Así que puedo -si quiero- creer cuanto desee creer, como puede hacerlo usted, de Woody Allen o de cualquiera, ¿quién va a impedírmelo? Lo que me pregunto es lo siguiente: ¿estoy dispuesto a hacerme responsable de lo que crea de él, esté a favor o en contra; a hacerme plena y completamente responsable de ello? ¿Firmaría un documento que me obligara a hacerme cargo de las consecuencias exactas derivadas de mi opinión, si la anuncio, a modo de juicio sumario -por miedo a la prensa, por miedo a la sangre, por miedo al señalamiento, por inconsciencia-, a los cuatro vientos? Yo, que no soy abogado, que no soy juez. Que no soy Dios. Que soy, quizá, director, articulista, panadero. Presentador estrella. Bailarina. Actriz. Actor. ¿Lo haría? ¿Debería hacerlo?
 

Si un músico no desea trabajar con un productor porque le da mala espina o una directora prefiere no contratar a un maquillador porque no le gusta lo que alguien le ha dicho de él, uno y otra pueden muy bien seguir su criterio. Con ponderación, espero, ojalá que de forma discreta si no tienen la plena certeza de estar en lo cierto. Con la elemental prudencia que su inteligencia les otorgue. Todos en nuestras vidas tomamos a diario decisiones y tratamos de emplear de la forma más juiciosa nuestro discernimiento. 

Pero si yo mismo, actor, directora, maquillador, músico, periodista estrella, opinadora, estoy dispuesto a acusar a alguien de forma irreparable y pública, a contribuir, con mis palabras, con mi actitud propaladora, a acabar con una carrera -¿una vida?-, a alentar una cacería sin ojos, o con miles de ellos, sin forma ni cerebro, sin gobierno, instintiva, justiciera, arrogándome una prerrogativa que la sociedad no me ha dado, fundándome en algo tan difuso y frágil como mi parecer, más me vale estar dispuesto a hacerme responsable, auténticamente responsable, personalmente responsable, de cuanto con mis actos provoque.

 U optar por esa quimera que ya nadie considera, la que ya nadie contempla: la de no tener opinión. La de no tener por qué tenerla. La de rechazar la obligación de blandir una siempre, como un estilete. La de ser prudente.

Desconozco si Woody Allen es un hombre bueno. Lo ignoro. Quizá lo sea. Tal vez sea un monstruo. Entre un millón de cazadores. ¿Lo sabe usted? ¿Puede saberlo? ¿Qué es lo que usted y yo sabemos?

(Rodrigo Cortés/ABC/21/1/2018.)