jueves, 20 de septiembre de 2007

INTERVENCIONISMO Y ARROGANCIA.



20/9/2007.



INTERVENCIONISMO Y ARROGANCIA.



Según el secretario de comisiones Obreras, Ramón Carreras, 'el modelo de crecimiento de Menorca basado en la depredación del territorio y en costes laborales bajos, está agotado, puesto que se ha caracterizado por la desaparición de los sectores primarios y secundarios en bebeficio de los servicios'.




Desconozco si el modelo está agotado, dados los criterios que utiliza el sr. Carreras, pero el que está agotado es el que tiene que escuchar las mismas arrogancias, una y otra vez. Y no me refiero, solamente, a los sindicalistas (o parte de ellos) sino a buena parte de la clase política.



Hace más de dos días, en 1776, más o menos, un señor al que nadie discute sus conocimientos económicos (y morales, ya que fue catedrático de filosofía moral en Glasgow), además de ser considerado el padre de la economía clásica, se oponía a que el capitalismo estuviese intervenido por el Estado. El motivo central es que aumentaría el fraude de los empresarios y se facilitaría la formación de monopolios. El que las cosas vayan por ahí, según muestra la experiencia, no impide que se propongan, una y otra vez, las mismas fórmulas.



¿A qué se debe este empecinamiento? Una de las razones, digamos, es que el capitalismo es malo. El mercado es cruel. Una persona decente y de buenos sentimientos, como alguien de izquierdas (ya se sabe que la derecha tiene un ladrillo en el corazón), tiene que intervenir. Ahí tenemos el virus 'buenista', el intervencionismo.


La izquierda, por decir algo, cree que puede meter mano en el mercado 'para hacer el bien'. Primero, la intervención política en el mercado, lo distorsiona. Hay poca gente, hoy por hoy, que crea seriamente que la intervención política en el mercado aumente su eficiencia. Por eso, la tendencia generalizada (dentro de la mentalidad intervencionista, muy extendida) es creer que tal intervención mejora, no la eficiencia, pero sí la equidad. Pero tampoco. Veamos la crisis del llamado Estado de Bienestar. Veamos lo que propone Sarkozy dada la profunda crisis económica de Francia, con amplios servicios sociales que la productividad francesa no puede pagar. Desde hace tiempo.


Pues bien, los intervencionistas (en el PSOE y en el PP, aunque éstos suelen hacerlo por no parecer de derechas) creen que el mercado es una máquina fría y despiadada. De ahí que la política deba primar sobre la economía. La coartada perfecta se da en el Estado democrático. Puede recortar las libertades en aras de la llamada 'justicia social', que es un pozo sin fondo. Pero no puede ser malo porque es un Estado democrático. Recordemos que los países más ricos son los que tienen más libertades económicas. Y no sólo económicas, porque el capitalismo sólo puede florecer si hay instituciones que funcionen correctamente, si hay seguridad jurídica y si hay respeto por la propiedad privada.

Dicho de otro modo, los países con mayor intervención política en la economía funcionan peor que los que adoptan medidas liberalizadoras, no intervencionistas. Pero la ideología puede con esto y mucho más. Puede, incluso, con los hechos. Los que van su contra, por supuesto. En fin, confiar excesivamente en los políticos y en los sindicalistas, supone, mayor intervencionismo, mayores impuestos y mayor riesgo económico. Por ejemplo, para una mentalidad liberal no tiene sentido que un dirigente político se plantee 'modificar el modelo económico', digamos, desde arriba. Al contrario, facilitará las cosas para que la libertad, la creatividad, la asunción de riesgos y la expectativa de beneficios de los agentes económicos y sociales, vayan orientando la nave.

Por cierto, no estaría mal aclarar qué significa 'depredación del territorio'. Estas frases quedan bien en un mítin electoralista pero de nada sirven si se quiere tratar, en serio, los problemas económicos de una sociedad.



Sebastián Urbina.

1 comentario:

Sebastián Urbina dijo...

He leído un comentario de un paraguayo que, hasta el momento, no se ha publicado. Aunque hice lo que siempre hago para publicar los comentarios.

En fin. Sus pertinentes preguntas creo que se contestan, al menos en parte, leyendo: 'El regreso del idiota', P. Apuleyo Mendoza, C. Alberto Montaner y A. Vargas Llosa. Plaza y Janés.

Bienvenido a mi blog y espero que su comentario se publique.