martes, 17 de octubre de 2017

MANIFESTACIÓN FASCISTA EN CATALUÑA.



 (Pueden ver la manifestación que pide libertad para los enviados a prisión por un juez.

La democracia les da igual. Lo que quieren es hacer lo que quieren, sin que les importe la legalidad vigente. No hay reglas excepto las que ellos quieren. Pero- recuerden- no han respetado ni sus propias reglas.

¿Recuerdan el bochornoso espectáculo en el Parlament- por decir algo- catalán, en el que se rieron de la oposición y no le dejaron ni opinar?

Imagínese si fueran independientes.)





MANIFESTACIÓN FASCISTA EN CATALUÑA.




Argumentar a favor o en contra de una sentencia- o resolución- judicial, forma parte del legítimo juego democrático.




Pero salir en tropel a las calles para vociferar en contra de una resolución- o sentencia- judicial, forma parte de la parafernalia fascista.  




El sistema democrático tiene sus reglas, escritas y no escritas, para canalizar los deseos y aspiraciones ciudadanas. Entre ellas, no está el coaccionar a los jueces, ni despreciar la legalidad vigente, ni aplaudir a los delincuentes que violan la legalidad democrática.


PD. Creo que el problema de fondo es que llevan muchos años incumpliendo sentencias judiciales firmes- entre otras cosas- sin que pase nada. Han llegado a creer que pueden hacer lo que les de la gana. Que eso es la democracia. 


PD. Otro aspecto importante a tener en cuenta para entender- no justificar- estos comportamientos es, como dice el historiador Sir J. Elliott, el 'supremacismo catalanista'. O sea, se creen superiores. 



 CLARO QUE ES VIOLENCIA.

Una de las pretensiones del separatismo golpista catalán es la de ser un movimiento pacífico. Tal aseveración es falsa. En una democracia, el derecho de cada cual acaba donde empieza el del otro. Para violar los derechos de los demás con violencia no es necesario asesinar ni poner bombas. Basta llegar a imponer ilegalmente la propia voluntad con violación de los derechos de quienes no están conformes con ella. 

La imposición a otros de un resultado contrario a la ley es violencia. La aprobación de unas supuestas leyes privando a parte del Parlamento de los derechos que el propio reglamento de la cámara reconoce a los grupos que no son independentistas es violencia. Impedir la aplicación de la ley, evitar la obtención de las pruebas de un delito, obstaculizar la acción de la Policía y de los jueces es violencia.

Por si estas consideraciones no bastaran, está lo ocurrido durante la huelga general convocada tras el supuesto referéndum de independencia. Los piquetes obligaron a varios negocios, industrias y empresas a cerrar ese día en contra de su voluntad. Eso se hizo con violencia. Cortar carreteras, quemar neumáticos e impedir el libre tráfico de personas y vehículos es asimismo violencia, mucho más cuando en algunos casos se hizo bajo el amparo de la fuerza pública regional. Es más, precisamente porque se hizo bajo la protección de esa fuerza fue especialmente violenta. Porque la sola presencia de la Policía implica la amenaza de emplear la fuerza contra quienes pretendan resistirse a la violación de sus derechos. Y la amenaza del uso de la violencia, aunque no llegue a utilizarse porque el agredido se avenga a hacer lo que el violento desea, es también violencia.

También es violencia el odio o la incitación al odio. Acusar a un ciudadano, no digamos a un niño, de ser reo de traición por no secundar los deseos de los independentistas es violencia. Como lo es rodear los cuarteles u hoteles donde pernoctan policías y guardias civiles para insultarles, amedrentarles, señalarles y acusarles de emplear ilegítimamente la violencia para justificar la que pudiera dirigirse contra ellos. Y es cierto que los agentes habían recurrido a la violencia, pero lo hicieron legal y legítimamente al tratar de imponer una decisión judicial adoptada con todas las garantías legales y que algunos ciudadanos trataron de impedir. Esa resistencia también es violencia.

Podría ser el caso de que el pueblo catalán sufriera una opresión tal que, con independencia de lo que digan las leyes, el recurso siquiera moderado a la violencia estuviera moralmente justificado. 

Pues que los separatistas defiendan el innegable empleo de la violencia al que habitualmente recurren con ese argumento. Pero que no nos digan que sus protestas son pacíficas porque en absoluto lo son. Lo que hacen es arteramente restringir, no eliminar, el empleo de la violencia para disfrazar de pacíficas acciones que en realidad no lo son. Si lo parecen es porque llevan años desarrollándolas sin que el Gobierno de España haya hecho nada para impedirlo. Pero claro que es violencia.

(Emilio Campany/ld.) 



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3 comentarios:

Arcoiris dijo...

Hay un tema que me maravilla: los participantes en manifestaciones como la de anoche, en protesta por la prisión de los “Jordis”, o de cualquiera otra llamada a los independentistas, ¿se plantean si tendrán trabajo dentro de poco, si lo tendrán sus hijos?; ¿creen que con una hipotética independencia podrán todos ellos solearse en las aguas de las Baleares en yate de alquiler como el señor Atur Mas?; ¿se huelen que van a ganarse al mes lo que cobran los Tardá, etc?; ¿se consideran, acaso, tontos útiles o bien se saben, simplemente, tontos y no les importa? Por último, ¿puede tener tanto poder, tanta capacidad de influir en la chola la enseñanza interesada y partidista desde la tierna infancia? Pues sí, los tiene.

Sebastián Urbina dijo...

Así es. Conozco a una persona que es normal cuando habla de las diferentes cuestiones de la vida que todos hablamos en alguna ocasión. Cuando habla de Cataluña- yo ya no hablo de esta cuestión con esta persona- se convierte en un perfecto imbécil. Sin exagerar. Es universitario y funcionario docente.

A dijo...

“La Vanguardia” de hoy, en primera plana, reproduce una instantánea de “La marcha de las velas” de anoche. Llama la atención que, para mi sorpresa, apenas se ve un rostro joven en la multitud de manifestados. La inmensa mayoría son gente mayor; alguno parece estar vivo milagrosamente, como si aplazara su deceso para un poco después del solemne acto en favor de sus habituales distribuidores de bocatas, ahora en chirona. Consiguientemente me pregunto: ¿qué clase de personal compone y reclutan la ANC y Ómnium? ¿Claque de programa televisivo en directo? Como mínimo, curioso, muy curioso.